Si fuera invisible por un día no lo malgastaría en tonterías. Viajaría a cualquier recóndito país de este mundo. Cámara en mano grabaría lo que los documentales no nos enseñan, el límite de la frontera entre la vida y la muerte. Pueblos azotados por guerras de las que nadie se acuerda ya quien inicio.
Libros sagrados escritos en sangre, dictaduras en las que ni se puede salir a la calle sin ser detenido, explotación a niños anónimos que ni se mantiene de pie. Familias sin nada que llevarse a la boca, mientras ricos terratenientes explotan a sus países, sin ellos poder hacer nada esperando al día de su muerte, que es la única salida a este mundo de locos.
Bombas donde tendría que haber flores, muros en lugar de parques y cadáveres donde tendrían que haber hogares.
Después de ver este lado del mundo, volvería a nuestra ignorante civilización para intentar hacer mella en las cabezas de las personas, si podemos llamar así a esta masa uniforme de publicidad y consumismo